PERIPLOS: Una Casita En Las Montañas

Las montañas del norte tienen más sentido, es como si tuvieran su razón de ser más en el norte que en cualquier otro sitio de España.

El paisaje podría ser igual que cualquier otro lugar del Norte pero alcanza otra dimensión, totalmente diferente.

Cuentan de un lago que con la marea baja se pueden ver los restos arqueológicos de un pueblo, un asentamiento con sus estratos Torrecillas etcétera entre León y Oviedo.

Los árboles crecen según la superficie de las montañas que tienen muchas aristas y pendientes y es un efecto raro, parece como si las hubieran colocado así cercenados por el viento construyendo formas únicas.

Cuentan que El Negrón es un túnel del tiempo, después del mini puente de San Francisco, normalmente cuando se entra puede haber una meteorología soleada y cuando se sale, al otro lado, ya en Oviedo, hay truenos, relámpagos y centellas.

Las montañas con los picos blancos, por el cuarzo, el mármol o el mineral que sea, van formando una estructura visual única.

Cuentan también que en Mieres hubo una época en la residencia de los estudiantes donde se albergaba a los extranjeros, había muchísimas estancias pero solo una persona en el ciclo escolar.

Nada más llegar al primer pueblo golpea un olor de carne ahumada o embutido Ahumado a la barbacoa, bien rico. La gente en la calle de Mieres huele a detergente de lavadora y suavizante, nadie huele a desodorante o a Colonia y mucho menos a sudor.

Se pasan por unas casas de madera, deshabitadas, que casi se mimetizan en el entorno, si uno no presta atención se lo pierde.

Un bocata de carne guisada 1’40, un billete de bus de los verdes interurbanos 2’45, otro bus 1,55; para replantearse los precios en Madrid.

Los baños de las estaciones, y parece que de los lugares públicos, están bastante mal, anticuados en muchos sitios, sin papel, sin jabón, sin cerrojos de puerta, sin grifos de lavabo.

Pero casi todo es muy limpio, salvo un par de ellos que estaban rotos y asquerosos, el resto estaban salvables.

Hay que dar las gracias de no estar escuchando reggaeton/electro latino o como se llame todo el rato en los viajes en coche. Todavía queda algo de pop alternativo, hindi, rock, nada de tumpatumpa, incluso ha habido música folclórica gallega.

Los autobuses bastante modernizados, se tica con código QR.

06:45 suena el despertador, ducha 7:45, salir de la casa 8:45, para llegar al punto de recogida a las 9:45 entre maletas, bolsos y mochilas al final a las 10 y algo se salió del punto de partida.

Dos mozas y un mozuelo, como compañeros de trayecto, en sus earlie’s 20, muy majos, con un viaje muy tranquilo, hablando a veces pero sobre todo durmiendo, pensando y viendo el panorama, el paisaje.

A una de las chiquillas, María creo recordar que se llama, se la dejó en León, un sitio que no me hubiera importado pasar allí unas horas.

Casi sin paradas y con una meteorología perfecta, muy veraniega primera parada real; Mieres.

Para ser algo rural, en Mieres hay demasiadas fábricas en tan pocos metros cuadrados.

Es grande pero no tanto y hay mucho polígono, muchas factorías en un mismo sitio.

El lugar del hotel parece exclusivo por su ubicación y su accesibilidad, poca, en una urbanización joven entre tres ciudades, una vez ya en Oviedo pero luego por fuera no impresiona nada.

Lo bueno es una vez dentro, una recepción y cafetería modernas y grandes, con sala de comedor, con máquinas de café… zumo… agua…infusiones… leche, bandejas, tazas, vasos, azúcar, sacarina.

Con unas máquinas expendedoras donde hay agua mineral embotellada, zumos típicos comerciales, kitkats, snacks etcétera y un mini puestecito chiquitito con pan… magdalenas… palmeras… Patatas… etcétera y una máquina para pagar en la que se mete el artículo y se puede pagar con efectivo y con tarjeta de crédito, una recepción de atención 24/7.

Unas habitaciones más o menos grandes, para ser un Bed and Breakfast, se podría puntuar un 7,5 de 10.

Lo mejor fue llegar y encontrarse con una boda gitana, que por lo general mi mente inconscientemente coloca en el sur de España, pero bueno todos y todas muy bellas, bellos y viva la alegría de vivir, con música y todos muy amables y respetuosos.

Cierto es que a veces da la sensación, cuando se ha viajado unas cuantas veces, de que todas las ciudades, los núcleos urbanos son iguales.

Total, tienen lo mismo, más tiendas… empresas… edificios… gente… casas… pero lo que realmente llama la atención es la arquitectura.

Fijarse en cómo se colocan los mismos elementos que hacen que ese lugar sea único, por ejemplo un centro cultural que parece un hotel de cuatro estrellas, un centro de salud que parece una cabaña rural en el bosque, un centro de atención primaria y familiar que bien podría ser un spa o balneario en medio de las montañas y de noche si uno se descuida no sabe donde acaban los árboles en las montañas y dónde las nubes del cielo.

Segundo día, chaparrón nocturno y diurno, en los momentos, pocos que ha escampado, se ha podido aprovechar para retratar algo de una ciudad que parece querer esconderse entre tanto árbol.

Una mezcla entre Maastricht en Holanda por un lado en algunos barrios, y en el centro mezcla también de El Retiro madrileño con el templo de Debod en Príncipe Pío.

Oviedo es una ciudad particular, es como si los habitantes y las constructores supieran que para vivir ahí el entorno tiene que ser espectacular, casi de turisteo porque el clima rara vez te engaña, es casi justo lo que te esperas, frío y lluvia en septiembre, por alguna razón impulsa aun así a salir y pasear, no se siente tan mal en el cuerpo.

La luz tiene otra tonalidad muy diferente casi intensa, el aire huele diferente más amplio para respirar. No se ha apreciado ninguna cúpula de contaminación.

El taxi de un barrio de las afueras al centro, centro 13 euros.

En Oviedo se encuentra la diversidad arquitectónica de un edificio de un estilo justo al lado de otro con un diseño totalmente diferente.

Es cierto que muchas ciudades hacen lo mismo pero muchas veces los barrios son reconocibles tanto social como visualmente hablando.

En este caso los núcleos urbanos no son nada reconocibles porque tienen el mismo patrón de casas totalmente diferentes las unas de las otras al lado, juntitas, y siempre con un toque de respeto por el edificio, un tinte de querer hacer bien su trabajo, con distinción, elegancia, cariño.

Se pudieron observar pocos negocios extranjeros, por ejemplo un locutorio ecuatoriano, una pizzería de Buenos Aires, tres o cuatro bazares chinos y una agencia de viajes mexicano, algún otro mexicano de comida y una carnicería rumana.

Varones jóvenes y adultos llevan muchas boinas… gorros… todo tipo de sombreros y bolsos.

En general todo el mundo con abrigo pero sin bufanda porque ya saben lo que les espera de aquí a Enero.

Bastantes mujeres con vestidos, faldas cortas o semicortas y más de una sin medias ni nada por el estilo, abundaban los pantalones rotos… tobillos al aire… hasta un señor corriendo en mitad de la lluvia torrencial.

Por la calle pocos extranjeros, se ha escuchado un poco de rumano y se ha visto menos de diez negros asturianos.

No se han visto estaciones de metro sólo de bus y tren.

Calles bastante limpias, no se ha apreciado suciedad ni desperdicios, tanto temprano como a las 3 de la tarde hay momentos que huele a lejía industrial o el producto que se usa para limpiar las calles.

Incluso en los jardines del ayuntamiento se puede sacar a los perros a pasear por lo que tampoco se aprecian desechos animales por las aceras.

Por esta experiencia, las estaciones de año menos estables, la mejor franja horaria para estar en la ciudad de Oviedo es de tres de la tarde a nueve de la noche, ya que muchas veces cuando se emprende el camino de vuelta al hospedaje es justo cuando para de llover del todo y hace un sol y unas temperaturas más agradables.

Tercer día, un sol que acoge y por momentos abrasa. Gijón, en la primera parada del día en el Parque Arqueológico Natural.

Las nubes de Gijón dan miedo, te llena su dimensión y te sobrecoge su cercanía, casi como si las pudieras tocar.

Es extraño tener caballos, playas, un museo y luego plantas industriales y mineras de extracción, todo junto al lado.

Estando en sitios así da la nostalgia de que ojalá se pudiera hacer turismo cultural arquitectónico y descubrir la historia de los restos arqueológicos de la misma manera en muchos países en vías de desarrollo, que tuvieran este servicio, este tipo de turismo.

En definitiva no es verdad eso que dicen de que en unos días se puede ver Asturias entero, porque yo no he logrado ver ni un cuarto.

Se queda uno con la sensación de no haber podido ver absolutamente nada de nada.

Gijón, a parte de pasar por el Jardín Botánico por fuera y de estar en lo que llaman La Fábrica, se ha vislumbrado a lo lejos.

Lo que se tarda en recorrer más espacios en otras comunidades autónomas, en cuanto al mismo tiempo se refiere, aquí sólo se pueden ver dos cosas en todo el día y las distancias se han hecho mucho más intimidantes.

Cuarto día, despertarse a las 11:00 directamente a la ducha, y salir del hospedaje a las 12:00. Un viaje en autobús gratuito hasta el Centro de Oviedo y recorrer caminando sus calles hasta el Centro Comercial El Prado, con un sol maravilloso, una temperatura digna del verano tropical y unas vistas preciosas.

La vuelta a Madrid lo más ameno y a la vez calmado posible.

Realmente, con un principio del viaje medio catastrófico, y tan poco tiempo de estancia, uno no se da cuenta de lo muchísimo que gusta la ciudad de Oviedo, con esos paisajes sobrecogedores, hasta que no vuelve a Madrid.

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