Cortos de tinta: «dos microcuentos´´

1.

Miró por la ventana. Entre su casa y el apartamento que estaba en frente, la calle se alzaba como una línea recta castigada por el sol y donde la sombra era casi un recuerdo.

El otro apartamento solo era una persiana bajada. Se preguntó si, tras esta, se encontraba alguien como él. Alguien que se estuviera preguntando quién era el que le miraba desde el apartamento de enfrente.

Anotó sus reflexiones en la temida hoja en blanco que tenía abierta en el ordenador. Y provocó una ruptura en el espacio. Porque ahora, en unas pocas líneas, otra persona que habitaba el mundo de la ficción observaba curioso otro apartamento desde el que, tal vez, alguien le devolvía la mirada.

Observó una vez más la persiana bajada. Y comprendió que nadie le miraba. Porque esta, como la hoja en blanco, solo devolvía lo que otros proyectaban en ella. Así que solo era su necesidad de ser observado la que hablaba.

Fue así como comprendió que estaba solo.

2.

Estaba justo enfrente. Una joven con un paraguas de tela transparente. Abandonó por un momento la lectura de su libro para fijarse mejor en ella, y se preguntó si era una de esas personas optimistas que quieren ver el cielo incluso cuando llueve.

Al lado de ella, un hombre miraba su móvil. Desde que este había subido al vagón de metro, no le había visto levantar la mirada ni una sola vez. Pensó que tal vez era una de esas personas tímidas que evitaban cruzar la mirada fingiendo estar ocupadas.

Se dio cuenta de que muchas otras personas viajaban en el vagón. Tal vez cientos de ellas. Cada una con su propia historia. Cada una con un misterio que nunca sería desvelado. Extraños a los que nunca un «hola´´ les haría dejar de serlo.

Pensó en cómo un vagón de metro podía reflejar la vida. En cómo las personas pasaban por esta al igual que los planetas: orbitando unos alrededor de otros.

Pero sin nunca llegar a tocarse.

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